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29 jun. 2017

VENTANAS DE GUILLOTINA




THE ACTION                     "ROLLED GOLD"
En alguna otra ocasión (The Deviants, "Ptooff!", Agosto de 2013) he hablado de Ladbroke Grove, el barrio underground por excelencia del Londres de finales de los 60, al que por su vitalidad cultural en aquella época algunos llegaron a comparar  con el Greenwich Village de Nueva York o el Haight Ashbury de San Francisco. Para los pocos lectores que (a estas alturas del barbarismo globalizado) no sean conocedores de la capital inglesa, comentarles que la ubicación de Ladbroke Grove nos situaría en la parte alta de Holland Park, formando un cuadrado ligeramente deformado que abarcaría, hacia el este, las estaciones de metro de Shepherd´s Bush y Notting Hill Gate en su punto central, y por el norte las de Latimer Road y Westbourne Park. Un vasto conglomerado de casas bajas, la mayoría de fachada de ladrillo con ventanas de guillotina, calles no demasiado anchas y algunas zonas verdes que, en la parte sur de Holland Park Avenue, se prodigan en mejores mansiones y elegantes arboledas, mientras que en la franja alta, la que circunvala la extensa A40 por todo el Westway, enseñan parcialmente las cicatrices de las líneas elevadas del metro junto a un incansable tráfico rodado. A menos que les guste este tipo de paisaje urbano, no hay mucho que fotografiar por este lado.

Por Ladbroke Grove se mueven multitud de bandas y hombres de música desde la segunda mitad de la década mágica de los 60. Cream, Hawkwind, The Deviants, Pink Fairies y The Action, nuestros protagonistas de hoy, tienen entre sus calles y sótanos de ensayo las residencias más o menos habituales. Don Cammell y Nicolas Roeg ruedan en ese entorno su famoso "Performance" (aquí el autor no deja de gimotear en homenaje a Anita Pallenberg); activistas como Mick Farren se prodigan en acciones que pretenden desde la legalización del cannabis hasta la creación de un Banco Libre; el ácido se trasiega en cantidades de rancho militar y la policía, desarmada (eso sí, pero siempre policía), amenaza constantemente con redadas que, caso de producirse, terminan con algunos personajes entre rejas y con fuertes multas económicas. Los estudiantes de las universidades cercanas, la London University, St. Martin´s, RADA, Central, han encontrado acomodo en un territorio plagado de pisos baratos y buena comunicación con el resto de la ciudad. Gran parte de la segunda hornada de emigrantes caribeños se ha establecido en la cercana Notting Hill y la incipiente multi-culturalidad crea los primeros problemas raciales con los pocos seguidores de Oswald Mosley. Colin McInnes, en su "Absolute Beginners", habla de la zona como una Little Napoli.

The Action, el llamado por algunos entendidos seguidores "the ultimate mod band" (el colmo, vaya), se mueve en ese ambiente ideal de mezcla racial, de experimentación en todos los niveles, de ansias por avanzar musicalmente por unos derroteros musicales que las bandas americanas de la Costa Oeste están mostrando a todos los interesados. La cultura mod ha terminado a finales del 65 y The Byrds, Love, los Dead, Quicksilver, Airplane y Buffalo Springfield están en la boca y en los oídos de gran parte de los aficionados. Persiste el gusto jazzístico, pero ya no es el de la escuela del Richmond Festival ni del Ronnie Scott´s del Soho. Ahora es Trane el verdadero impulsor, el motor que habla con un nuevo lenguaje espiritual, su "Impressions" es la lección que hay que aprender. Por supuesto, el registro del r&b, del blues de los Padres Fundadores y del soul de Motown permanece, han sido muchos años de práctica y ha quedado un regusto que será difícil de ignorar. Ahora es el momento en el que todo se mezcla en un cocktail sonoro, de los que muchos ignoran su resultado final pero del que también muchos esperan una nueva avenida de libertad expresiva.

Cuando Ian Whiteman entra en los sótanos del Studio 51 en Great Newport Street, el olor a colillas mojadas y restos de sandwiches de tomate inunda el mal ventilado local. El club, un garito de jazz conocido anteriormente como el Ken Coyler Jazz Club, se encuentra en el número 10 de dicha calle, muy cerca de la estación de Leicester Square. Allí, si se diera el caso que el visitante curioso elevara su mirada, se encontraría con una placa donde se indica que en ese lugar los Beatles ofrecieron a los Rolling su primer hit en las listas de la época, el "I Wanna Be Your Man" de septiembre de 1963. Apenas cuatro años después de esa fecha histórica, Ian Whiteman se encuentra con los miembros originales de la banda para realizar su primer ensayo oficial. Reg y Alan "Bam" King (ninguna relación familiar por el mismo apellido, aunque este último fue más tarde guitarrista en la celebrada banda de pub-rock Ace), Mike Evans y Roger Powell le dan la bienvenida como nuevo componente, sustituto de un recién despedido Pete Watson. El virtuosismo instrumental del que hace gala Whiteman (flauta, saxo, además de los teclados) supone una novedosa aportación musical, fundamental para cimentar el anhelo de experimentación que ya se aloja en la sesera de sus nuevos socios.


The Action, en su primera alineación de 1964, son un grupo mod protegido por la batuta del mismísimo George Martin. Entre 1965 y primeros de 1967, el quinto Beatles produce, para el sello Parlophone en sus nuevos AIR Studios de Hampstead, los primeros singles que la banda londinense hacen de varios artistas y compositores de la Tamla Motown. Sus versiones de clásicos como "Land Of 1000 Dances", "Baby You´ve Got It", "I´ll Keep Holding On" o "Since I Lost My Baby", rayan a gran altura respecto a los intérpretes originales, Marvelletes, Temptations o Righteous Brothers. Parece que incluso superan las tentativas de sus pares británicos Small Faces o Creation, y no son palabras inventadas sino las de un Paul Weller, padrino del revival mod de los últimos 70, que los considera como la banda de mayor influencia, sobre todo en su última etapa Jam (la del "The Gift" de 1982) y primera Style Council. La voz de Reg King, continúa hablando Weller, recoge a la perfección la esencia del sonido urbano negro, aportando al soul un toque de auténtica ingenuidad pop británica. Cualquiera que sea el significado de esta docta aseveración, la controversia entre la preferencia por la voz más rasposa y bluesera (también más teatral) de Steve Marriott y la de Reg King, aparentemente más emocional y orgánica, está servida.

A pesar del apoyo de George Martin, The Action no acaban de encontrar el sitio merecido en las listas de éxito de la época. Sus singles son radiados en todas las emisoras, sus conciertos se suceden en los más remotos lugares de toda Inglaterra, su base de fans adora a un grupo al que consideran genuinamente mod (sus actuaciones en Brighton se harán memorables cuando, cada vez que pisan la ciudad costera, son escoltados por decenas de scooters hasta los escenarios del East Street), pero parece que la banda no termina de despegar comercialmente. Su entonces mánager Rikki Farr (un hombre de sobra conocido en el negocio, activista musical en los mejores clubes de Londres e impulsor del tercer Festival de la Isla de Wight de 1970, donde The Action se anuncian ya como Mighty Baby) no es que se ocupe lo suficiente de la formación. La situación económica de The Action es entonces paupérrima y empiezan a manifestarse los primeros signos de desánimo que, ya en octubre de 1967, llevan al último incorporado Whiteman a abandonar (temporalmente) la banda. Es conocida la anécdota de un Ronnie Lane, que les visita en su piso de Lots Road en Chelsea, y que a la vista de la indigente imagen que observa, contrata a su marcha un servicio de catering de Fortnum & Masons para que alivie, siquiera momentáneamente, la hambruna que ya empiezan a padecer.

En esa visita de Lane al piso de Chelsea, Martin Stone ya aparece como nuevo guitarrista de The Action, también Ian Whiteman se ha vuelto a reincorporar como el inicial multi-instrumentista que ampliara la paleta compositiva del grupo. Martin Stone es el personaje que, en gran medida, afianza el futuro a corto y medio plazo de The Action, esto es, desde su consideración como conjunto mod a una visión musical más acorde con los tiempos que corren. Martin es una rara avis que desde edad temprana se dedica a coleccionar toda publicación de comics de horror americanos que caiga en sus manos, además de hacerse con una infinidad de revistas de ciencia ficción, esoterismo, masonería y religiones paganas, todo aquello que tenga que ver con la Kabbalah, Golden Dawn, Aleister Crowley o las enseñanzas del Frazer de "La Rama Dorada", encuentra hueco en su ávido interés por la literatura extraña y ocultista. El bagaje musical que aporta a The Action tampoco es pobre. Desde su época escolar, a primeros de 1964, ha formado parte de muchas bandas. Swinging Pendulums, Juniors Blues, Rockhouse Band (ya en 1966), Stone´s Masonry (la primera en la que ejerce como líder) y la Savoy Brown Blues Band con los que gira y graba, en septiembre de 1967 para el sello Decca, su primer trabajo "Shake Down". Sus influencias pueden quedar aparentemente a la vista del lector avispado, el mejor blues guitarrero de Freddie King, Albert King o T-Bone Walker, además de una clara preferencia por el que entonces muchos consideraban el mejor guitarrista inglés, Jeff Beck.

Martin Stone contribuye igualmente con algo a lo que el resto de la banda estaba, hasta cierto punto, bastante desacostumbrada, su gusto por el cannabis y el LSD. Bajo su influencia, The Action comienzan a prodigarse en largas improvisaciones musicales que tienen al "India" de John Coltrane como uno de los elementos impulsores. Las nuevas composiciones del grupo, algo lejana ya la época de las versiones de los artistas de la Motown, representan fielmente la amplitud mental por la que avanzan sus miembros. Capacidad de adaptación que, no olvidemos, se inició con la primera incorporación de Ian Whiteman, su querencia por más complejas armonías vocales (en la onda de The Byrds y otros grupos de la Costa Oeste) y por las lecciones del "Impressions", empezaron entonces a tomar carta de naturaleza. Cambios, en definitiva, que no solo causan extrañeza entre los más antiguos fans mods de la banda, sino que, sobre todo, obligan a Reg King a una menor participación como vocalista, antes estrella frontal de una banda que, poco a poco, se transfigura en un ente más en consonancia con los tiempos, más en la onda hippie en definitiva.

A finales de 1967 y comienzos de 1968 The Action comienza la grabación de unas demos que, bajo el auspicio de Giorgio Gomelsky, darán lugar a los temas escogidos de su único trabajo, "Rolled Gold". George Martin también participa, aunque sea como productor de solo algunas canciones del futuro album. Se trata de dar cuerpo a una serie de ideas musicales que nuestros protagonistas han estado pergeñando durante los últimos meses y que vendrían a demostrar, en fin de cuentas, los resultados de sus nuevas influencias musicales. Escuchando este "Rolled Gold" le asalta al oyente una sensación de abordaje sin bandera negra, de ingenuidad al borde del colapso, una suerte de benigna intranquilidad que al final aboca a la impresión de una gran ocasión perdida. Lo que originariamente, en las grabaciones de los IBC Sound Studios, iba a ser entendido como un ensayo general de esas nuevas ideas musicales comentadas, a desarrollar en un futuro próximo (en cuanto el sello Polydor diera su visto bueno final para la grabación definitiva de las canciones), se queda en eso, en agua de borrajas. Las demos grabadas, todas de gran calidad, no pasan el corte de la aprobación final de los directivos del sello (quedando arrinconadas en el cajón de algún despacho), hasta que, ya muy tarde (en 1997), son recuperadas y editadas por el sello Dig The Fuzz de Nottingham.

Existe un argumento general de candor, de inocencia, de ingenuidad en gran parte de las demos que integran la cara A de este "Rolled Gold". Desde el himno inicial del "Come Around", las proclamas en favor de la amistad y del amor de "Something To Say" y "Love Is All" (aquí con un batido más jazzístico), la invitación a la expansión mental de "Icarus", "Brain" y "Things You Cannot See", hasta la mayor complejidad lírica de "Strange Roads", todo parece apiñarse entorno a expansivas y excitantes ondas sonoras, donde las voces, las líneas de guitarras, los teclados, la misma base rítmica, a veces los vientos, juegan un papel de pop-psicodélico de exquisita fragilidad. Igual ocurre con los temas que componen la cara B, aunque existen aquí tonalidades instrumentales, si cabe aun, más ricas. Los riffs ácidos y los intermedios crudos de "Look At The View", los vientos más proclives al folk-rock de "Climbing Up The Wall (See Me)", estructuras pop que se mezclan sin vergüenza con improvisaciones a lo Dead en "Really Doesn´t Matter", agradables baladas psicodélicas en "I Am A Stranger", más eco de The Free Design en la maravillosa "In My Dream", suaves tensiones en los riffs psicodélicos de "Follow Me", en los más blueseros de "Little Boy", una exuberante presión parece torturar esta suerte de oda a los nuevos tiempos.

La falta de desarrollo final de esta sesiones, y la posterior y no cumplida edición del "Rolled Gold" por Polydor, hace evidentemente mella en los miembros de The Action. Su principal valedor por entonces, un Gomelsky más dedicado a promocionar su propia imagen entre la jet de la época, hace un intento final en Apple con Lennon y McCartney pero el resultado es fallido. El vocalista Reg King, cuyo protagonismo ya comentamos que va desapareciendo desde el abandono progresivo de la onda mod de la banda, deja la formación en Junio de 1968. Poco antes (el 11 de Mayo) The Action forman parte del cartel, como teloneros de lujo, para The Byrds y Fairport Convention (de los que también se declaran seguidores) en una célebre jornada en el Middle Earth de Covent Garden. La etapa The Action llega a su fin y comienza la de Mighty Baby, pero es esta otra historia que a estas horas del día (cualquiera que fuera), puede que no interese a demasiada gente.














14 jun. 2017

LLUVIA INGLESA







TREES                     "THE GARDEN OF JANE DELAWNEY"
¿Dónde encontré a Jane Delawney? ¿Qué hizo que su nombre permaneciera tanto tiempo dentro del baúl de la memoria, aquel que parece agrandarse con el paso de los años? ¿Por qué me persigue esa imagen suya de mujer interior, de mujer ideal que a menudo surge desde el patio azul de los sueños? ¿Por qué su voz es la del campo abierto, sus palabras mojadas las que siguen a las páginas que he leído, sin encontrar de nuevo su nombre entre ellas? ¿Debe existir la certeza de no haber conocido a Jane Delawney para que se convierta en un personaje real? ¿Pueden las aceras empaparse de barro, los autobuses rodar por el pavimento sin pisarlo, una tarde de inicios de septiembre retirarse sin recibir más luz, fundirse las esquinas de dos calles entre el aire tibio? Jane Delawney estuvo allí, en ese preciso instante, cuando las burbujas de las cervezas apenas costaban cinco duros, en una terraza que miraba a dos grandes avenidas. Me saludó y noches más tarde contemplé enamorado sus clavículas desnudas, una belleza de mujer apalachiana bailando, enfundada en un ceñido traje negro. Desde entonces.

Estoy escuchando en la penumbra "Llena Tu Cabeza De Rock", un doble recopilatorio que el sello CBS publicó el año 1970 a mitad de precio, trescientas pesetas. Un disco que desde entonces gira en el plato aunque a veces tarde en salir de la estantería F6. "The Garden Of Jane Delawney" es el quinto corte del Disco Segundo, Cara C. En esa cara, mi favorita, Trees comparten a Jane Delawney con "Gibsom Street" de Laura Nyro, "A Small Fruit Song" de Al Stewart y "Driving Wheel" de Tom Rush, debilidades, y al escucharlos el mundo se mueve con la lentitud de las libélulas. Abro la carpeta del disco y busco la fotografía del grupo Trees. Celia Humphris extiende los brazos extendiendo una paz blanca que contrasta con el fondo oscuro del resto del retrato. David Howells era entonces el responsable de CBS en Londres y decide editar un muestrario de los mejores artistas contratados por el sello. A los más consagrados, Chicago, Santana, Blood, Sweat & Tears, The Byrds, Leonard Cohen, Janis Joplin, Johnny Winter, se suman algunos otros poco o nada conocidos. Spirit, Steamhammer, Flock, Black Widow, Argent, Skin Alley, Moondog, Amory Kane, Al Kooper, Taj Mahal. Mike Bloomfield, Pacific Gas & Electric. El disco doble causa una tremenda conmoción en Inglaterra y en toda Europa. The Beatles han desaparecido ese mismo año y hay que dejar el pop y volver la vista hacia la música que en esos momentos se hace en América, el rock.


Trees es uno de los grupos elegidos en el recopilatorio de CBS. Junto a Skin Alley, otro de los seleccionados, forma parte del establo que Doug Smith y Kick van Hengel han apiñado bajo la Clear Water Productions, una agencia corporativa con evidente ánimo de lucro, representantes de bandas (Hawkwind, High Tide...) que abundan en un Londres resacoso del post-Swinging, y que moviéndose todavía en un nivel semi-profesional desean también dar a conocer las propuestas de bandas innovadoras. La capital inglesa es un hervidero de actividad artística relacionada con la música y con la imagen que esta proyecta. Carnaby Street, Ladbroke Grove, Portobello Rd., Notting Hill Gate, Westmorland Mews, las campas de Richmond y Barnes -muy cerca, en las confluencias de Queen´s Ride y Gipsy Lane, Marc Bolan encontraría la muerte pocos años más tarde en su Mini color violeta-, el Guy Stevens de Hapshash & The Coloured Coat, los DJs Pete Drummond y John Peel, los clubs y las emisoras de radio y TV, en permanente estado de programación musical, Melody Maker, Ziz Zag, Disc, IT, y muchos músicos, muchos, que pasan hambre y apenas tienen lugar donde lavarse.


Entre aquellos músicos hay una porción importante de norteamericanos expatriados que practican un folk bellamente contaminado de pop, Paul Simon, o de un blues existencialista, Jackson C. Frank; otros ingleses, Ralf McTell, que han vuelto de París y muestran al público interesado la visión más cruda de la realidad de las calles de la gran ciudad. El folk, aunque a contracorriente entonces en el gusto de la mayoría del público urbano, tiene en el circuito universitario, controlado por los innumerables Student Unions, un mercado fiel, una audiencia que sigue considerando como propia la tradición literaria de las Child Ballads, un compendio de baladas populares tradicionales de Inglaterra y Escocia que, curiosamente, llegan a los campus a través de la versión americana de John Jacob Miles, una especie de British Invasion a la inversa. Bandas como Fairport Convention, Pentangle, Steeeye Span, recogen en muchas de sus composiciones de finales de la década de los 60 ese motivo literario, aquel que utiliza la belleza de lo oscuro, el brillo de lo prohibido, el incesto, la violencia, la traición y lo anómalo de la conducta humana como elemento compositivo preferente.

Trees se mueven en esa onda. David Costa, el germen fundador del grupo, es un devoto practicante de la guitarra acústica, seguidor de las grabaciones surgidas de los sucesivos Newport Folk Festivals, del Modern Folk Quartet, The Kingston Trio, de Joan Baez, Peter, Paul & Mary y, a través de ellos, de Bob Dylan. Su contrapunto inicial en Trees, Barry Clarke está,  por el contrario, más centrado en el sonido de la guitarra eléctrica, en Jeff Beck y posteriormente en el estilo de mezcla modal de Davy Graham, padre reconocido del estilo fingerpicking que desarrollan poco tiempo después artistas como Bert Jansch, John Renbourn, Martin Carthy o John Martyn. La confluencia de los estilos e influencias de David y Barry otorgan a Trees su característica seña de identidad, una mezcla de acústica y eléctrica que tienen en el "Bluebird" del Stephen Stills de Buffalo Springfield la referencia de sonido ideal. La corriente musical proveniente de la Costa Oeste americana, abierta a todo tipo de experiencias, desde el funk suburbano de Watts hasta el country de Bakersfield, la escena jazz de Los Ángeles y la percusión latina de Santana, encuentran en Trees sus seguidores al otro lado del Océano. La escena de San Francisco, más psicodélica, tiene a Jefferson Airplane como gran referente de Trees.



Los otros miembros masculinos del grupo son Bias Boshell, al bajo, y Unwin Brown a la batería. Ambos se conocen desde su época estudiantil en Bedales, una escuela famosa por sus métodos poco convencionales de enseñanza co-participativa, donde los profesores son conocidos por sus nombres de pila y, por recalcar su progresismo, ni los alumnos llevaban uniformes ni hay centro religioso en sus instalaciones. Bias se convierte en el principal compositor del grupo, de hecho en las primeras audiciones y ensayos de la banda ya aporta una cantidad significativa de canciones, entre ellas "The Garden Of Jane Delawney", tema al que inicialmente no otorgan demasiada relevancia. Unwin, hijo de diplomáticos y empleado en un Banco antes de decidirse por su nueva profesión, es el miembro con menos antecedentes musicales, el que simplemente aprovecha la corriente de la época para dejarse llevar hacia orillas y escenarios mucho más excitantes. Su estilo percusivo, más frío en su primer trabajo, más envolvente en su segundo publicado el mismo año, "On The Shore", también en CBS, aporta a la banda la firmeza que su estilo va buscando, un aleteo de mariposas entre martillos de yunque.

Nos queda la voz de Celia Humphris, una gran parte, sin saberlo ella, de Jane Delawney, la verdadera protagonista de este texto, como Vds habrán deducido. Digo esto porque yo siento una especial predilección por las cantantes inglesas en la onda folk. Sandy Denny, Annie Haslam, Maggie Bell, Judy Dyble, Vashti Bunyan, incluso la más roquera Elkie Brooks, son santas patronas de esta casa. Sus voces, tan intensas en su modulación puramente inglesa, aportan a sus obras, en solitario o acompañadas de sus legendarias bandas, un plus de emoción que transporta fácilmente al oyente a los más idílicos paisajes de los Cotswold, independientemente que se entiendan o no sus letras, en muchos casos ligadas a la tradición literaria antes apuntada. Este es el caso también de Celia Humphris, una auténtica belleza que inicialmente intenta abrirse camino como bailarina y actora dramática y que, después de una primera audición fallida con el grupo, su tono de voz entonces un tanto operística, decide aceptar finalmente la invitación de unirse a la banda londinense.


Doug y Kick, los capitostes de Clear Water antes mencionados, logran que Trees firme contrato discográfico con el sello CBS en Agosto de 1969. A partir de esa fecha y hasta Febrero del año siguiente, van grabando los distintos temas que conforman esta su primera obra, "The Garden Of Jane Delawney". La producción corre a cargo del propio David Howells, ayudado en esta ocasión por un Tony Cox que ya conoce el paño por grabaciones anteriores de Caravan y Family, bandas ligeramente afines a la nuestra. La edición del disco se realiza en Abril y, desde entonces, intensifican sus giras por todo el circuito de clubs de la capital y del resto del país. Su propuesta, como ya habíamos apuntado, no es fácil de asimilar, considerando que el gusto mayoritario del mercado había transmutado del pop y de la psicodelia al blues-rock más compacto, a los inicios también del glam y a las variantes recogidas en el rock progresivo. Su estilo no es apostado, no está camuflado por las corrientes que entonces imperaban y que hicieron variar a muchos grupos de un estilo a otro para mantenerse vivos. Su folk progresivo, con fondo roquero y temática lírica más bien tradicional, hace que triunfen más en ciertos ambientes donde la calma precede a la tempestad y ésta, en todo caso, se encuentra controlada por unos músicos que apenas entran en el juego de los excesos tan característicos de la época.

Los temas que se incluyen en este primer trabajo de Trees contienen muchas de las referencias literarias antes apuntadas. El tono de baladas tradicionales, extraídas en algunos casos de las propias interpretaciones de artistas ingleses, Bert Jansch, o americanos, Joan Baez o Pete Seeger, que sirven al principal compositor Bias Boshell para dar a conocer una visión modernizada del folk como género musical. "Nothing Special", "The Great Silkie" (existe una muy interesante versión de esa influencia medieval inglesa en el "John Riley" del "Fifth Dimension" de The Byrds), la mágica "The Garden Of Jane Delawney", "Lady Margaret", maravillosa encarnación de los mejores fairy-tales ingleses, ""She Moved Thro´The Fair", arreglo de una antigua balada celta, "Road", "Epitaph" y "Snail´s Lament" que, sin dejar de lado su lírica más convencional, no dejan de estar inspiradas por una gran calidad poética. Solo "Glasgerion" suena altisonante, fuera de la onda ácidamente intimista que procura el disco en su totalidad. Nada que ver con las sublimes versiones que Bert Jansch hiciera en su "Jack Orion" (otra variable conocida del "Glasgerion") de 1966, o en 1970 cuando grabó con Pentangle la misma canción en su excelente trabajo "Cruel Sister".

Trees fueron una banda que tuvo muy corto recorrido en el tiempo, desde 1969 hasta 1973, demasiado poco para un grupo que luchó denodadamente contra el curso natural de un escenario que apostaba por el fin de los pastores y la bienvenida a las primeras tribus urbanas. Si a ello añadimos el simplista sambenito de considerarles, por muchos, como una réplica de Fairport Convention, una suerte de equipo de segunda que tiene muy difícil acceder a una primera división, acotada por dos o tres de sus pares, su destino parecía marcado por la falta de éxito y el prematuro abandono, como así ocurrió. No obstante, el paso del tiempo les ha ido colocando en el sitial destacado que siempre merecieron, en ese cruce de caminos donde East Anglia y California se entrelazan, la primera bañada en melancolía, la segunda refulgente en renovación.  




Dedicado a Crosby, él sabrá porqué.