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31 jul. 2017

RAREZAS XIII: CARDOS VOLADORES





MUSIC EMPORIUM                      "MUSIC EMPORIUM"
Existen algunos autores que se mueven mejor entre arenas movedizas, se les antoja más interesante una sucesión de paisajes que choquen entre sí por ser hermosamente antagónicos. Pienso, por ejemplo, en aquellos que evocan la belleza sinuosa de una campiña exhuberante para contraponerla, antes o después, con el panorama herrumbroso de un cementerio de automóviles. O los que imaginando fabulosas acrobacias del super-héroe entre rascacielos de cristal, las confrontan, al capricho del deslizamiento, con el empuje de las aliagas resecas por carreteras secundarias del oeste. Debe existir un misterio genuino que cruza como un gato montés razones que nos son desconocidas. O plagas bíblicas que, aunque se hayan cumplido en su integridad histórica, sigan siendo amenazadoras. Hay quienes creen que vivimos en un mundo de sorbos, de instantes sin relación, completamente libres en su insignificancia, y andamos por un mismo camino que es diferente a cada paso. El dolor y la felicidad se encuentran en la misma cápsula.

Opongo entonces la primera imagen que me viene a la cabeza después de leer el texto de presentación del disco: "Semejante a una gloriosa supernova desde una galaxia apenas visible desde la Tierra, The Music Emporium explosionaron apaciguadamente sobre los sulfurosos firmamentos de Los Ángeles en 1969 y, tan solo después de un año de existencia, desaparecieron sin que apenas nadie los percibiera"..., y lo hago frente al desasosiego que otorga en estas últimas jornadas cobijo a mis sueños reales. Una perenne sucesión de días de calor agobiante, de noches sin arranque porque la necesidad del descanso no las alcanza, un tránsito interminable por regiones polvorientas, casi lunares. En el encuadre final de la visión dos personas caminan sin rumbo fijo hasta que, en una carretera secundaria, una desvencijada Toyota Hilux les recoge sin apenas ya esperanza. Varios temporeros mexicanos se agolpan en la parte trasera de la camioneta y uno de ellos les mira con ojos de serpiente nauyaca.


Music Emporium se mueven en la South Bay Area de Los Ángeles, entre las zonas costeras de El Segundo hasta los cerros de Palos Verdes y, ya en la parte baja de la bahía, desde Long Beach hasta Orange County. Ese es su entorno geográfico natural; líneas casi interminables de playas, con algunos malecones reconstruidos que se introducen como alfileres en la epidermis del mar, colocadas en paralelo con vías de circunvalación que, conforme giran hacia la interestatal de San Diego y se alejan del litoral, varían sus paisajes desde interminables edificaciones de un solo nivel (y pequeños jardines con palmeras tranplantadas), hasta otros donde priman accidentadas colinas cubiertas de matorrales. La cadena montañosa de San Gabriel sirve de telón de fondo a una ciudad de Los Ángeles en la que, ni la geografía de acueductos de "Chinatown", ni el amnésico pigmento de "Mullholland Drive", han hecho todavía mella en nuestros jóvenes protagonistas.


La Universidad de UCLA es el punto neurálgico en donde inicialmente encontramos al principal personaje de Music Emporium, Bill "Casey" Cosby, también a sus dos primeros compañeros de experiencias musicales, Thom Wade y  Steve Rustad. Bill es el típico chico sin complexión atlética californiana, tímido, ni muy alto ni demasiado bajo, con dentadura algo disimilar y una presencia que él mismo considerará como perturbadora. Desde los 7 años practica el acordeón, y su nivel de virtuosismo llega a cotas que le convierten, ya desde edad muy temprana, en uno de los instrumentistas más dotados y premiados del país (el mismo Frank Sinatra le llega a entregar el "United States Accordion Championship" de 1967). Thom Wade y Steve Rustad, por el contrario, entran más fácilmente dentro del círculo de las innumerables admiradoras femeninas que pueblan el campus. Thom, además de tocar la guitarra, compone al unísono con Bill sus primeros temas, también canta, aunque será Steve el que habitualmente dará la cara con su voz. El nombre de la banda es Gentle Thursday y se mueven básicamente por el circuito de locales universitarios.

Thom es el que abre la mente de Bill al introducirle en la música de unos Love de los que no se pierden ningún concierto. El Los Ángeles de la segunda mitad de los 60 es un inmenso caleidoscopio donde se puede encontrar el rock más innovativo y ruidoso de la época. Las actuaciones de Strawberry Alarm Clock, The Doors, Iron Butterfly, Canned Heat, Sly & The Family Stone, Janis Joplin se suceden sin parar en los locales míticos de la escena californiana, Kaleidoscope, Cheetah, Pasadena Civic, Troubadour, Whiskey, The Bear en Huntington Beach o The Bank en la cercana Torrance. Bill "Casey" Cosby hace tiempo que ha decidido utilizar el rock como nueva vía de expresión artística, poniendo la base de su educación clásica musical, que también recoge retazos de influencias del jazz, al servicio de la corriente contracultural, un epíteto que le convence más que la psicodelia, término con el que nunca llegó a congeniar.

Para conseguir sus objetivos Bill decide crear una nueva banda y prescindir de Thom y Steve, aunque el primero siguiese colaborando periódicamente en labores de letrista y composición. Nace entonces Cage, una formación que contiene una original y pionera base rítmica femenina, la de Dora Wahl, vecina y amiga desde la infancia (la última fotografía es la suya), a la batería y Carolyn Lee (su futura esposa), al bajo y voces, compañeras ambas de la UCLA Glee Club, también con acreditados curriculum de formación clásica. La complementa Dave Padwin, un oriundo de Chicago, sin educación musical previa, al que conocen en la Guitar Center de Santa Mónica Boulevard. Su historial aparece repleto de actuaciones con bandas de versiones en el Midwest, hasta que decide probar mejor suerte mudándose hasta Los Ángeles. La técnica a la guitarra de Dave, desacomplejada e instintiva, encaja a la perfección con la idea original de Bill, una suerte de música expansiva, ruidosa y embrollada, a la vez compendio de claridad íntima y de oscuridad armoniosa, idónea para penetrar en las mentes de una sociedad necesitada de liberar sus ataduras más convencionales.

Curiosamente las actuaciones de los primeros Cage no se suceden en los locales clásicos del Sunset Boulevard, al contrario, existe un rechazo incomprensible de los gerentes y dueños hacia su tipo de música, motivo que les empuja a dejarse ver más por las salas que componen el circuito universitario, un itinerario alternativo que aceptaba propuestas más excepcionales. Recintos como el club The Odissey del Pacific Coast Highway de Hermosa Beach, acogen asíduamente a una banda que ya destacaba por la increíble fuerza de sus directos, altísimo volumen en las piezas más duras o de medio- tiempo, susurros apenas audibles en las baladas, armonías vocales que les asemejaban a unos Jefferson Airplane o, mejor aun, a unos Carpenters, que se encuentran entonces en la cresta de la ola, y con los que llegan a intimar. Es a comienzos de 1969 cuando Cage ya tiene suficiente material para grabar un album y entran en escena dos nuevos personajes, Bill Lezarus como futuro Productor y Jack Ames, recien despedido del sello que fundó, Liberty Records, como Ingeniero de sonido. Es éste último el que, con vistas a una mayor aceptación comercial, propone a Bill Cosby el cambio de nombre de Cage a Music Emporium.

Ante la falta de fondos para una grabación en condiciones, Jack Ames decide mantener las demos originales que Bill Lazerus había realizado en la Sunset Sound Recorders Studio (un local que recogió desde las grabaciones de las primeras bandas sonoras de las películas de Walt Disney hasta los primeros álbumes de The Doors). Lo único que re-graba Jack son las voces, en solitario de Bill Cosby o en dúo con Carolyn Lee, y lo hace sobre las bases instrumentales previamente editadas en las cintas primitivas. Se publican 10 temas originales del álbum homónimo, la mayoría de ellos compuestos por Cosby, con varias participaciones del Thom Wade y tan solo una de Dave Padwin. La primera y única tirada alcanza las 300 copias, publicándose bajo el sello Sentinel. Huelga decir que el éxito comercial no existió en el vocabulario de la época y que, conforme van pasando los años, este "Music Emporium" se hace mítico y llega a venderse por sumas económicas más que considerables. (Consta en la red la mención de una copia original proveniente de nuestro país y  que fue vendida por más de 2.500$). La portada del disco, muy celebrada entre los coleccionistas, muestra un original diseño de Stephen Rustad y Mike Higgins Hall, el contorno de las puertas y ventanas de la cabaña aparecen recortadas y muestran a los miembros de la banda retratados en los cerros de Palos Verdes, sus figuras reflejan un halo intranquilizador.

El álbum, el que circula entre la mayoría de los aficionados, es el que re-editó el sello Sundazed Music en 2001 bajo la supervisión del gran Bob Irwin. Su trabajo, ciertamente encomiable, ha mejorado las bases de las cintas originales, ampliando un sonido que, reconocido por los mismos componentes de la banda, se acerca mucho al que Bill Cosby pretendió inicialmente para el ábum de 1969. Abre la cara A "Nam Myo Renge Kyo", una suerte de canto budista (rama flores del loto japonés) con letra de Wade, y que destaca tanto por el trote percusivo de Dora Wahl, que recuerda en mucho a la mejor Maureen Tucker de Velvet Underground, como por los propios teclados de Cosby, una suerte de molinillo giratorio que arañará desde entonces el cielo. "Velvet Sunsets", un tema que rememora a los amigos caídos en una guerra de Viet-Nam entonces ya muy impopular, le sigue y expone sin paliativos la elegancia verbal de Carolyn Lee. En "Prelude" destaca de nuevo la percusión de Dora con sus redobles a lo Ginger Baker, y el órgano de Bill, con ocasionales pinceladas de Iron Butterfly. "Catatonic Variations" es el tema más oscuro del disco, representación de la más eclipsadas imágenes de un Norman Bates imperecedero. "Times Likes This", que junto a "Nam Myo Renge Kyo" se editó como único single del Lp, suena y mejora a Buffalo Springfield. "Gentle Thursday", el tema que definió por primera vez la misma esencia de la banda, es la canción que aporta mayor estructura y composición puramente clásica, también cuenta con un vaporoso ejercicio vocal que Carolyn llena de magia femenina. Cierra la cara A la versión instrumental del "Nam Myo Renge Kyo".

La cara B se inicia con "Winds Have Changed" y aquí la guitarra de Dave Padwin resplandece en esquinas escondidas (el oyente debe estar atento), mientras las voces de Bill y Carolyn emulan a unos Carpenters (sin llegar a sus cumbres, justo es reconocerlo). "Cage" es el tema que mejor ejemplariza el poderoso rango instrumental y vocal de la banda, de hecho era el de mayor duración en los conciertos de Music Emporium, y quizás por ello, al verse reducido su minutaje, queda como relegado, sin la importancia que se merecería. "Sun Never Shines", la única composición de Dave Padwin, da a la guitarra un ritmo más roquero, mientras los teclados de Bill mantienen ásperas líneas de contraste armónico. "Day Of Wrath", su idea inicial procede de un canto gregoriano y toda la estructura del tema tiene un eco de sonido catedralicio y limpio. Termina la cara con otra versión instrumental, ajena como el "Nam Myo Renge Kyo" del primer disco de Sentinel, el "Gentle Thursday". Su instrumentación alcanza más hondura. Alguien les compara aquí con It´s A Beautiful Day o The Peanut Butter Conspiracy.

Music Emporium fueron una banda propicia para un tiempo de sensibilidad diferente, seguramente de imposible factura en los momentos actuales. En apenas dos años y medio de vida, y con solo este trabajo homónimo en el mercado, desaparecieron. Su líder Bill Cosby, para evitar su enlistamiento y marcha a Viet-Nam a finales de 1969, termina en la Academia Militar de West Point, eso sí, al cabo de los años contratado como Director Musical de la West Point Glee Club, su sección musical. El resto de sus miembros llevarán, a partir de entonces, una vida alejada de los escenarios, aunque con contactos puntuales y esporádicos en el planeta musical, nada que ver con el anterior empuje que les propiciara el haber pertenecido a una banda tan singular como Music Emporium. Su música epitomiza la corriente de libertad y experimentación que corría por las fallas tectónicas de la California de los finales 60. También con una geografía de albatros y pegajosos residuos marinos, de cardos corredores entre los arcenes elevados de las autopistas, émulos vegetales de unos fundadores Kerouac y Cassady que ya habían vuelto de México.














4 comentarios:

  1. Como suele ser habitual no conozco a los fulanos de los que nos hablas, pero me los apunto -algún día tendré tiempo- y en cuanto a la idea de sorbos de vida del primer párrafo... déjame pensarlo.
    Un placer, como siempre.
    Un abrazo.

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    1. Pues lo dicho, si tienes oportunidad de escucharlos, hazlo. Una banda de una única obra y que dejó huella. Lo de los sorbos..., ahora estoy sorbiendo un tinto de verano.
      Abrazos,
      Javier.

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  2. Hola Javi
    Pues hacía años que no escuchaba este disco y ayer al fin lo escuché entero.
    La verdad es que las bandas sicodélicas americanas surgidas después de la súbita extinción del garage, me cuestan bastante de digerir, con sus excepciones claro.
    Este es un buen ejemplo, grupos que buscaban la experimentación, con lo cual es facil encontrar en un mismo disco e incluso canciones partes muy buenas junto a otras enrevesadas o soporiferas. El tema que abre el disco y quizás el mas conocido creo es lo mejor del disco, luego una serie de altibajos y batiburrillos que a veces me enganchan y o me desconectan.
    Bueno, es lo que había en la época y siempre es de agradecer los esfuerzos de estas bandas por conseguir sonidos nuevos, acierten o no.
    Creo es un disco muy interesante para entender la música de ese 1969 en los estados unidos, Es lo que había.
    Saludos
    Jose

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    1. De acuerdo en que la primera época de experimentación fue muy interesante, tanto para las bandas consagradas como para las que no lo estaban, incluso para las primerizas, como es el caso de Music Emporium. Como en casi todo, el Lp tiene sus mejores y menos pasables momentos que, en el caso de este disco, a mí personalmente me parecen poquísimos, por no decir ninguno. Dificílmente ser objetivo ante un Lp al que tengo especial cariño. Una estrella fugaz, pero estrella al fin.
      Saludos,
      Javier.

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